El tema de la paternidad espiritual ha generado grandes controversias entre algunos cristianos, quienes la rechazan basándose en Mateo 23:9: «Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.»
Iniciemos con el contexto en el que Jesús pronunció estas palabras: «Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra». Entendemos que se dirigía a los líderes religiosos de su época, quienes abusaban de su posición para ejercer dominio y control sobre el pueblo. Jesús les criticaba por su ostentación y búsqueda de reconocimiento, y les recuerda que solo Dios es Padre en el sentido supremo. La interpretación literal y aislada de este versículo nos llevaría a suprimir de nuestro vocabulario la palabra padre o maestro, pues entenderíamos entonces que solamente está atribuido a Dios. Y afirmar esto traería grandes contradicciones en varios pasajes bíblicos donde se reconoce la autoridad y la responsabilidad de los padres.
«Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!». Él respondió: «Sí, hijo mío». «Tenemos el fuego y la leña», continuó Isaac, «pero ¿dónde está el cordero para el sacrificio?»» (Génesis 22:7)
Ahora bien, podrías decir: «Está permitido para los progenitores, pero NO para líderes espirituales». Sin embargo, si vamos a varios pasajes del nuevo testamento, nos damos cuenta de que en varias ocasiones el apóstol pablo usó la palabra «PADRE» de la fe, para referirse a Abraham, como padre espiritual de todos los creyentes.
Finalmente, queremos concluir diciendo que la paternidad espiritual no debe ser una imposición y tampoco es una doctrina fundamental de la iglesia, pero como ministerio creemos profundamente en ella. Creemos que es una realidad bíblica con un gran potencial para fortalecer la iglesia y el desarrollo espiritual de los creyentes y que rechazarla por una interpretación literal y descontextualizada de Mateo 23:9 priva a la comunidad cristiana de una herramienta valiosa para el crecimiento y la madurez en la fe.