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El diezmo y la ofrenda

(Que dice y enseña la Biblia acerca del diezmo y la ofrenda)

Siembra, diezmo y ofrenda

¿Qué representa nuestra ofrenda? 

Es el reflejo de nuestro amor por Dios y su iglesia. No es una obligación, sino la expresión de un corazón generoso.

“Que cada uno dé según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría”. (2 Corintios 9:7)

Ser generoso trae bendición a nuestras vidas.

“El que da al necesitado no tendrá escasez, pero el que cierra sus ojos ante ellos tendrá muchas maldiciones”. (Proverbios 28:27)

No hay una cantidad fija para dar. Lo crucial es la disposición del corazón al hacerlo. La Biblia nos muestra casos donde, aunque la cantidad parecía pequeña, el amor y sacrificio tras la ofrenda eran enormes a los ojos de Dios.

“En ese momento, una viuda pobre echó dos moneditas. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ‘Les aseguro que esta viuda, en su pobreza, ha echado más que todos los demás, porque todos han echado de lo que les sobra; pero ella, de su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir’”. (Marcos 12:41-44)

El diezmo, por otro lado, es un mandato divino que sigue siendo relevante. Es una decisión personal, no debe ser forzada ni manipulada.

“En esta vida los hombres que reciben los diezmos son mortales; pero en aquella vida, uno de quien se da testimonio de que vive”. (Hebreos 7:8)

El diezmo es un secreto para la provisión y bendición financiera. Al entregarlo, Dios promete bendiciones abundantes.

“Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —dice el Señor Todopoderoso—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde”. (Malaquías 3:10)

Es la única ocasión en la que Dios nos invita a ponerlo a prueba, no como una opción, sino como una instrucción.

El diezmo consiste en dedicar el 10% de nuestras ganancias, como fruto de nuestro esfuerzo o las bendiciones económicas que recibimos. Puede ser visto como una semilla: si consumimos todo el fruto de un árbol de una vez, se agotará, pero si reservamos y sembramos parte de ese fruto, aseguramos un ciclo continuo de crecimiento.

“Reserva anualmente la décima parte de toda tu producción en el campo. Llévala al lugar que elija el Señor tu Dios para poner allí su nombre. Come allí delante del Señor tu Dios, y regocíjate tú y tu familia por todo lo que hayas emprendido, porque el Señor tu Dios te habrá bendecido”. (Deuteronomio 14:22-23)

El diezmo y la ofrenda sostienen la obra de Dios, ayudan a sus hijos y apoyan a quienes sirven en su iglesia. ¿Por qué Dios necesita nuestro dinero? ¡Él no lo necesita! Pero ha diseñado este sistema para proveer a su iglesia a través de sus hijos.

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